Es el consejo más útil de toda esta página y el que más veces llega tarde. Un muro de tapia o de adobe necesita que el vapor de agua pueda salir. Si lo tapas con un mortero de cemento o con una pintura plástica, el agua entra igual —por una gotera, por capilaridad, por la salpicadura del suelo— y ya no puede irse.
Lo que pasa entonces es lo peor que puede pasar: el deterioro avanza escondido debajo del acabado. La fachada se ve estupenda dos o tres años y un día aparece de golpe, con el muro bastante peor de lo que estaba antes de la reforma.
Cuando ya hay un revoco de cemento puesto, casi siempre hay que quitarlo. Duele, porque parece deshacer una obra pagada, pero es más veces la causa del problema que la solución.
Lo que sí funciona es material del mismo orden que el original: cal o barro, que dejan pasar el vapor. Y el orden de siempre: cortar el agua, dejar secar y reponer después.
Si en un presupuesto de reforma de una casa de tierra lees «impermeabilizar fachada» sin más explicación, pregunta con qué. Es una pregunta razonable y un buen constructor la agradece.